Por Santiago García (maratonista, autor del libro “Correr para vivir, vivir para correr”. Completó la Six World Marathon Majors dos veces. En Instagram: @sangarciacorre)

Llega el frío y para muchos corredores esto es sinónimo de ya no salir a correr. No es que no les guste el running, es simplemente que no están acostumbrados o no encuentran la manera de salir sin sufrir el frío. Pero cualquiera que desee ser corredor todo el año, tarde o temprano se encontrará con días más fríos que otros, siempre dependiendo del lugar donde viva. Las primeras jornadas de baja temperatura son las más difíciles, luego el cuerpo se va acostumbrando, siempre con las precauciones adecuadas que pasamos a detallar.

Correr en invierno trae muchos beneficios, además. Los días son más cortos y el ánimo de las personas se ve afectado. Salir a correr produce endorfinas, lo cual mejora el ánimo y el humor, algo que se vuelve aún más importante cuando las horas de luz escasean. En la misma línea de sentirse bien y estar bien, mantener el estado físico también ayuda a las personas a estar mejor consigo mismas. Entregarse al sedentarismo en las semanas frías trae consecuencias en el ánimo. Así que, con esa motivación en mente, ya podemos imaginar nuestra salida.

Dejar de correr durante el invierno significa abandonar el progreso y la constancia que le han permitido alcanzar el nivel que tanto habían buscado durante meses. Y para quienes buscan simplemente llegar bien al verano, ese gran objetivo, dejar de correr en invierno es simplemente la manera más directa de no lograrlo. Se disfruta más la primavera cuando uno ha corrido todo el invierno. Llegar bien entrenado a la primavera es fantástico.

Se siente más el frío al arrancar el entrenamiento que al promediar la actividad. Es por eso por lo que, si uno sale a correr abrigado desde la puerta de su casa, debe saber que va a tener que desabrigarse un poco con el correr de los minutos. Hay que llegar con el abrigo al lugar de entrenamiento y hay que volver a abrigarse después de terminar el entrenamiento. Quedarse quieto expuesto al frío durante demasiado tiempo es lo que nos afecta realmente.

Las extremidades son particularmente sensibles al frío, pero como corremos con las piernas, no deberíamos preocuparnos tanto por ellas. Son los pies los que no deben enfriarse, se puede probar con medias de invierno, pero siempre deportivas, esto es más efectivo que correr con calzas largas. Las calzas largas son para temperaturas muy bajas o situaciones en las que el corredor no sabe cuánto tiempo después de entrenar tendrá antes de volver a estar en su casa o un espacio cerrado abrigado.

En esa misma línea, más importante que cubrir los brazos es tener las manos abrigadas. De esta manera se evita el malestar inicial y si luego tenemos calor, los guantes se sacan y se colocan en la cintura, donde ya no molestan para nada. Lo mismo se puede decir de un Buff o un cuello, que según como se use puede tapar la cabeza o las orejas, según donde se sufra más el frío. Con la misma facilidad se lo puede quitar luego y poner en la muñeca. Un gorro cumple una función parecida. Ya una gorra de corredor ayuda, no descuidar las extremidades.

Con respecto al torso, es mejor usar varias capas livianas que una sola abrigada. Sofocarse con un buzo grueso no ayuda en nada, se suda en exceso y hasta se corre el riesgo de deshidratarse. Una remera fina de manga corta, otra de manga larga y un rompevientos sirven mucho más que un abrigo pesado. A medida que se siente calor, se pueden sacar las capas y atarlas a la cintura. En caso de salir de la puerta de casa y volver a ella sin detenernos, esto ni siquiera es necesario, con una capa, guantes y Buff casi siempre alcanza. Cada uno conoce lo friolento que es y la temperatura del lugar.

Entrenar con frío, si uno usa la ropa adecuada, es placentero. Un carrera con 5 grados de temperatura es más fácil de correr que una de 35 grados. Lo mismo para entrenar. Lo fundamental es que luego de correr y elongar, no nos debemos quedar desabrigados. Si volvemos a casa, no hay problema, si nos quedamos afuera, es imprescindible abrigarse lo más rápido posible. Si la ropa se ha mojado, lo ideal es cambiarla por otra apenas se termina el movimiento.

La ropa oscura permite absorber los rayos del sol, así que es un buen consejo elegir ropa oscura durante el invierno. Si sale de noche, esa ropa debe tener algo de superficie reflectante, algo muy común en la ropa y calzado deportivo. Y aunque en invierno se pierde menos líquido que en verano, igual algo de agua o una bebida isotónica en pequeños tragos ayuda a evitar la deshidratación. A no confiarse, sudar mucho por tener abrigo también puede ocurrir. Son esos detalles los que hacen la diferencia para sentirse bien. Una frase que yo siempre repito es: “Nadie se arrepiente nunca de salir a correr.” Y para quienes solo salen a correr cuando hace calor, la sorpresa será enorme cuando descubran que correr con temperaturas más bajas es muy placentero y permite incluso correr mejor. En primavera, quienes siguieron corriendo y quienes no, se van a notar desde lejos. Por eso hay que elegir bien la ropa, tener en cuenta estas precauciones, y no distraerse al terminar el trabajo. Más allá de eso, habremos ganado más kilómetros y días de felicidad, pasar el invierno corriendo es fascinante”.