Se celebra por primera vez y en todo el país del 2 al 8 de agosto, por iniciativa del Fondo Vitivinícola, con la intención de promocionar la variedad que, después del Malbec, es la tinta más cultivada en Argentina.

Hasta hace muy poco había una cepa más plantada que el Malbec, y que era un símbolo de casi todas las regiones vitivinícolas del país: la Bonarda. Aunque en realidad no se trataba de la cepa del norte italiano, sino que de la Corbeau Noir francesa. Pero acá se la bautizó como Bonarda y así se la conocía. Hasta que la calidad empezó a ser el factor más importante por los bodegueros y se descubrió genéticamente que la dicha cepa es de la especie Vitis vinífera, y que morfológicamente muestra fuertes similitudes con cuatro variedades italianas (Bonarda Piemontesa, Croatina, Charbono y Uva Rara) y una variedad francesa, el Corbeau.

Se sabe que la llegada de inmigrantes españoles, franceses e italianos permitió la introducción de nuevas variedades al país. En algunos casos no se mantuvo el nombre original de la variedad ni existen registros del lugar de procedencia, creando así confusión respecto de la identidad de algunos cepajes.

Éste podría ser el caso de la Bonarda, hoy denominada Bonarda argentina, cuya ampelografía presenta similitudes con algunos cultivares de Francia e Italia. En sus comienzos la Bonarda local se la utilizaba mayoritariamente para la elaboración de vinos de mesa y cortes, principalmente junto con Malbec, ya que le aportaba a la mezcla fruta y suavidad. A aquellos vinos se los conoció como “Borgoña”. Sin embargo, en los últimos años ha sido revalorizada y es considerada una variedad con potencial para la producción de varietales tintos de alta calidad.

Es una variedad de uva tinta que posee racimos medianos, bien llenos, las bayas son negro-azuladas, esferoides, con pulpa blanda, caracterizada por presentar un fuerte vigor en sus plantas, con un ciclo de maduración extenso, y dar producciones elevadas. Lo que hace que, si no se la maneja correctamente, no es posible aprovechar todo su potencial. 

Esta variedad produce vinos de colores intensos: marcados violetas o púrpuras que evolucionan al rojo rubí. Su aroma es intenso y suelen aparecer atractivas notas frutales de frutas rojas (frambuesa, frutillas, casis o cerezas) y frutas negras (moras, ciruelas o arándanos). En boca es agradable y dulce, de buena intensidad. Sus taninos son suaves y hacen aterciopelado y elegante al vino.