El japonés Shizo Kanakuri, considerado el padre del Maratón en su país, fue protagonista de una increíble historia olímpica que comenzó en los Juegos de Estocolmo en 1912 y terminó cincuenta y cinco años más tarde en la misma ciudad.

Kanakuri, nacido el 28 de agosto de 1891, era considerado como uno de los grandes favoritos para ganar la competencia olímpica en Suecia 1912 y, en aquella maratón participaron 68 atletas, de los que sólo 35 llegaron a la meta, debido a que la temperatura era muy alta, unos 32 grados.

Kanakuri había decidido no beber mientras corría para no transpirar (sinónimo de cansancio), por lo que se desvaneció en la mitad de la competencia. Una hora después, ya recuperado, desistió de continuar compitiendo, por lo que se hospedó en un hotel hasta dar con el barco que lo llevó de regreso a su país.

Se sintió avergonzado por haber tenido que renunciar a seguir compitiendo, al punto de que nunca informó a los responsables olímpicos acerca de su abandono, por lo que su ausencia fue denunciada a la Policía y desde ese momento figuró como desaparecido.

Cuando se retiró en 1924, se convirtió en profesor de geografía, pero desconocía que al mismo tiempo, en Suecia, se había convertido en una leyenda urbana, conocido como “el maratonista desaparecido”.

El Comité Olímpico lo descubrió en 1967 y lo invitaron a Suecia con el pretexto de participar en los festejos de conmemoración de los 55 años de los Juegos de 1912.

El 20 de marzo de 1967, a los 76 años y con el estadio repleto, Kanakuri corrió frente a las cámaras los últimos cien metros, bajo una ovación. Al finalizar, los representantes del Comité Olímpico Sueco suministraron el tiempo total de su recorrido, desde los inicios en 1912, a hasta su final en 1967, y se lo entregaron a la prensa: 54 años 8 meses 6 días 5 horas 32 minutos y 20,3 segundos, y lo invitaron por si quería decir unas palabras por haber marcado el récord del maratón más lento de la historia.

Kanakuri pensó un instante, se arrastró como pudo hasta el micrófono debido al cansancio, y dijo: “Fue un largo viaje. En el camino me casé, tuve seis hijos y diez nietos”.