No por mucho disculparte de forma consecutiva se van a arreglar las cosas. Esto es lo que debes tener presente si has faltado a la confianza de alguien.

¿Qué hacemos cuando sabemos que obramos mal con alguien y queremos que nos perdone? «Perdón», «me equivoqué», «lo siento» o la promesa a veces infundada del «no lo volveré a hacer». El nivel de arrepentimiento puede ser mayor si hemos hecho algo mal a conciencia, y eso evidentemente puede hacer que la otra persona a la que hemos ofendido no vuelva a confiar en nosotros nunca más.

¿Qué hacer en esas ocasiones en las que por más que repitas que lo sentís no podés hacer nada por corregir el daño causado? Disculparse puede ser una manera muy fácil de mitigar la culpa o reconocer la responsabilidad de haber hecho algo mal, por muy pequeño que sea. Pero aquellas personas que se pasan la vida entera disculpándose, hasta por tonterías, ya sea por llegar tarde o chocar levemente con alguien por accidente, puede más tener que ver con una baja autoestima.

¿Qué hacer en su lugar? En primer lugar, no atribuirte directamente la culpa o colocarte como víctima de lo que hiciste. En vez de eso, queda muchísimo mejor aplicar la empatía si te ponés en el lugar de la otra persona y así lo verbalizás. Por ejemplo, si llegás tarde a una reunión, no por decir «perdón» muchas veces te van a disculpar mejor. En cambio, si decís algo así como: «Esperar a alguien que llega tarde es una mierda, lo sé». De este modo, estarás poniéndote en la piel de la otra persona y, por lo tanto, se les hará mucho más fácil perdonarte que si solamente repetís de manera frenética el pedido de disculpas.

A la hora de confirmar que te equivocaste en algo, es mucho mejor que des las gracias por el hecho de que te hayan corregido a que digas que lo sentís. Y para otras situaciones más difíciles, cuando sabemos que hemos hecho algo mal, lo mejor es dejar de castigarte inútilmente y esperar a la próxima ocasión para demostrarle a la persona a la que has ofendido o que se ha sentido defraudada haciéndolo bien.

Y en caso de que lo que hayas hecho mal tenga arreglo, no dudar un minuto en solucionarlo, ya que muchas veces no se trata de hacerlo todo bien, sino de saber arreglar el fallo lo antes posible. Es decir, intentar dar con una alternativa que solucione parcialmente aquello que ya no se puede remediar.