Walt Disney se alejaba en 1951 de la narrativa clásica de cuento de hadas para niños y se metía de lleno en la psicodelia de la época, con referencia a las drogas, la depresión, la soledad, el abandono y el autoestima.

La película había costado 3 millones de dólares. Fue una larguísima producción de cinco años que contó con hasta tres directores, 13 guionistas acreditados, 750 artistas, 800 litros de pintura para conseguir 1.000 tonalidades de acuarela en cerca de 350.000 dibujos. Todo ello insuficiente para el público, pues sólo recaudó 2,4 millones de dólares.

En la década del sesenta, al igual que «Fantasía», «Alicia en el País de las Maravillas» fue repuesta en las universidades, donde los alumnos apreciaron su psicodelia, especialmente si estaban bajo el influjo de algún estupefaciente.

Walt Disney no quería que la película saliera al mercado de nuevo tras estos estudios, pero fue exactamente lo que ocurrió luego de fallecer en 1966. 

Con un póster focalizado en sus colores más vivos y su carácter experimental (y para experimentar), el filme fue un éxito que, a día de hoy, hubiera recaudado 322 millones de dólares.

El filme se inspira en el famoso libro de Lewis Carroll, donde el personaje principal es la niña Alice Liddell. Lo mismo sucede con su continuación, A través del espejo y Lo que Alicia encontró allí. 

La historia comienza con una aburrida Alicia inmersa en sus propios pensamientos mientras su hermana le imparte una clase de historia. El sopor hará que se quede dormida. De pronto, verá a un conejo con un reloj y saldrá corriendo tras él para ver hacia dónde se dirige. Le pierde la pista tras una madriguera, pero al franquearla, la niña cae por un agujero que la conduce directamente al País de las Maravillas. 

Será allí donde conozca un singular mundo animal, no solo al Conejo Blanco al que ha seguido, sino a El Sombrerero loco, a la fumadora Oruga azul, al Gato de Cheshire y a la malvada Reina de Corazones.