El 28 de agosto de 1963, ante 250 mil personas en Washington, el líder afroamericano pronunció un discurso decisivo para el movimiento de derechos civiles estadounidense.

I have a dream. Yo tengo un sueño.

Empezó con estas cuatro palabras que se grabaron para siempre en la historia. Martin Luther King, en aquel caluroso verano de 1963, se había puesto a la cabeza de la colosal Marcha sobre Washington: las 250 mil personas que llegaron hasta al pie del Lincoln Memorial oyeron el más conmovedor de sus discursos.

En 1964 recibió el premio Nobel de la Paz. Justamente por su elección del modo de luchar. A lo Gandhi. A lo Nelson Mandela. Y ese mismo año, como eco del Nobel, el presidente Lyndon Johnson, sucesor de John Kennedy desde el trágico magnicidio de Dallas, Texas, 22 de noviembre, 1963, promulgó la Ley de Derechos Civiles. Consagración de la igualdad de todos los ciudadanos sin distinción de color.

Recordemos algo de ese discurso en el Lincoln Memorial: “Hace cien años, un gran americano, bajo cuya sombra simbólica nos encontramos hoy, firmó la Proclama de la Emancipación. Este trascendental decreto apareció como un gran fanal de esperanza para millones de esclavos marcados con el fuego de una flagrante injusticia. Llegó como el amanecer jubiloso de la larga noche de su cautiverio. Pero cien años después, la América de color sigue sin ser libre”.

“¡Yo tengo un sueño hoy! Yo tengo el sueño de que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada y toda la carne la verá al unísono. Esta es nuestra esperanza”

Hasta hoy, y acaso por siempre, el discurso que empezó con aquel I have a dream está considerado como una obra maestra de la oratoria.

Martin tenía apenas 39 años cuando la bala asesina lo alcanzó. Estaba Casado con Coretta Scott (1927–2006) con quien tuvieron cuatro hijos: Yolanda, Martin Luther III, Dexter y Bernice. No pudo ver su sueño cumplido, pero permitió que millones soñaran.