Su método es simple: un narrador describe lo que sucede en la pantalla, incluidas las expresiones faciales, gestos no hablados, el entorno y la vestimenta.

Cada sábado, Zhang Xinsheng viaja dos horas por el complejo sistema del metro de Pekín con un mapa hablado que lo lleva hasta el cine donde se encuentra con sus amigos.

Zhang quedó ciego con poco más de 20 años de edad por una condición degenerativa, pero al perder la vista descubrió el amor por el séptimo arte en el club de «cine hablado», donde voluntarios hacen narraciones vívidas para un público no vidente o con vista limitada.

«Sentí que podía entender la película a pesar de mi ceguera. Se formaron imágenes claras en el ojo de mi mente (…) cuando (el narrador) describía las escenas de risa, de llanto», agregó.

Ahora con 51 años, Zhang va todas las semanas a un teatro en Qianmen, en el corazón del viejo Pekín.

Decenas de ciegos llegan a las proyecciones de los sábados organizadas por el Teatro Xin Mu, formado por un pequeño de voluntarios que comenzaron a presentarle películas a personas ciegas en China.

Su método es simple: un narrador describe lo que sucede en la pantalla, incluidas las expresiones faciales, gestos no hablados, el entorno y la vestimenta.

Les dan las claves visuales que de otro modo se perderían, como un cambio repentino de escenario de hojas que caen a nieve, que sugiere el paso del tiempo.

Recientemente, el grupo presentó «Un gato callejero llamado Bob», sobre un felino que ayuda a un hombre que vive en las calles de Londres a dejar las drogas y convertirse en escritor exitoso.