Con una superficie de 5,5 millones de kilómetros cuadrados, Amazonas es el bosque tropical más grande del mundo y es famoso por su biodiversidad.

La Amazonía (y el río Amazonas) tienen una edad de 10 millones de años. El origen de la Amazonía está ligado al levantamiento de los Andes, es decir, sin los Andes no existiría la Amazonía ni su flora y fauna.

La Amazonía es la principal fuente de la biodiversidad presente desde el sur de México al sur del Brasil. Muchos estudios demuestran que la mayor parte de las especies existentes en otras partes de la región se originaron en la Amazonía.

Uno de los eventos más importantes en el Amazonas es el “pulso de inundación”. Gracias a las lluvias abundantes en los Andes, los niveles de los ríos pueden incrementarse hasta 15 metros en lo vertical y miles de kilómetros en lo plano. Todas las especies que viven en la Amazonía están adaptadas a este fenómeno. Por ejemplo, cuando empieza a subir el nivel del agua, los peces se preparan para hacer migraciones reproductivas, los manatís ingresan a los tributarios y las nutrias amplían el territorio para buscar peces que se dispersan en la selva inundada.

Una sola hectárea de bosque inundado puede producir hasta 20 toneladas de semillas y frutos por año, el alimento principal para muchos peces. A la vez, cuando el bosque llega a su máximo nivel de inundación, la mayoría de los árboles sueltan sus frutos para dispersarlos. ¡Hay una increíble sincronización! Por eso, cuando se tala el bosque, los peces son afectados de manera directa.

Los delfines del Amazonas pueden cambiar de color gris a rosado muy intenso en pocos minutos. Los delfines, al igual que los humanos cuando aumentan la actividad física, envían mucha sangre a los vasos sanguíneos periféricos para regular la temperatura. Ante eso, los humanos enrojecen su piel, y los delfines, por su parte, adquieren una tonalidad muy rosada. No todos los delfines cambian a rosado, y eso parece estar influenciado por los fenotipos, al igual que en los humanos.

En la Amazonía de Perú, la segunda selva tropical más grande de América del Sur, se encuentra el Río Hirviente, cuyas aguas llegan hasta los 100°C. Este Río es lo suficientemente caliente como para hervir cualquier animal que quiera cruzarlo pero, aun así, estas aguas están llenas de vida. Muchos microorganismos viven en el subsuelo y en alfombras microbianas. Además, las comunidades que viven a lo largo del río siempre han aprovechado sus recursos para beber, cocinar o bañarse, entre otras cosas.