Imaginate poder ver el color de cada una de las notas de la 5º Sinfonía de Beethoven o tal vez saborear tu color favorito? Para poder hacerlo debés tener un trastorno de percepción llamado sinestesia.

Esta condición consiste en una perturbación infrecuente de la percepción en el que el estímulo a través de uno de los sentidos provoca simultáneamente la sensación en otro. El tipo de sinestesia más frecuente mezcla las percepciones visuales y auditivos.

Para sacarle provecho a esta ventaja, algunas personas asocian también números y letras con un color determinado, o sonidos que se acompañen también de la visión de colores. Otras sinestesias más raras incluyen sensaciones táctiles al escuchar sonidos, percepción de sabores al ver determinados objetos, o percepción de olores en relación con el tacto. Una de sus características principales es que son involuntarias.

El particular universo cromático wagneriano proporcionó, por ejemplo, a Kandinsky una de sus primeras y más intensas experiencias sinestésicas, durante una representación de Lohengrin en Moscú: “los violines, los contrabajos, y muy especialmente los instrumentos de viento personificaban entonces para mí toda la fuerza de las horas del crepúsculo. Mentalmente veía todos mis colores, los tenía ante mis ojos”.

Se estima que las sinestesias tienen una frecuencia de una por cada 2000 personas. La causa del trastorno es desconocida. Se cree que puede haber algún factor genético asociado y es más frecuente en mujeres que en hombres. Sin duda alguna se trata de un don sorprendente del que cada día se busca saber un poco más para poder comprender dónde se origina y cómo aprovecharlo