Este pan hecho en base a harina de maíz, con sus decenas de variantes y rellenos posibles, se ha popularizado en todo el continente.

Así como los peruanos y los chilenos se disputan el origen del pisco, y los chinos acusan a los italianos de robarse la autoría de las pastas, los habitantes de Colombia y de Venezuela, que una vez formaron la Gran Colombia, siguen sin ponerse de acuerdo sobre en lugar de nacimiento de este popular platillo.

 “Venimos de la misma arepa” dice una popular frase colombiana que hace referencia a quienes provienen de un mismo origen, o han atravesado por circunstancias similares.

Sin embargo, la casi literalidad de este refrán no ha sido argumento suficiente para dirimir los intensos debates que venezolanos y colombianos pueden llegar a protagonizar para definir la nacionalidad de la arepa.

La arepa suele definirse como un pan blanco y redondo, hecho de harina de maíz. Pero, su sabor, versatilidad y significado sociocultural la han convertido en mucho más que “un pan”.

Las colombianas son más anchas y planas, porque se usan como acompañantes, son el pan de las comidas. Las venezolanas son más pequeñas y gruesas, porque van rellenas”, explicó Luisana La Cruz, coordinadora del Día Mundial de la arepa, que se celebra el segundo sábado de septiembre desde hace 10 años.

Como muchos platos típicos de otras naciones, la arepa es sinónimo de cultura, identidad y patriotismo. Es una especie de embajadora que recorre el mundo reivindicando el valor de muchos pueblos que un día fueron solo uno.

La arepa también es sinónimo de hogar, familia y del esfuerzo de quien trabaja para poder llevarla a la mesa día a día. Y quizá eso explica la pasión con la que tantos venezolanos y colombianos defienden su plato, o tal vez sea porque recuerda a reuniones alrededor de grandes mesas con exquisitos contornos o rellenos que enamoran los paladares de quien las prueba.