Los nombres hablan de nuestro tiempo y pueden generar muchas risas si son excesivamente curiosos, aunque tengan explicación.

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Parece innegable que parte de nuestra esencia está marcada por cómo nos llamamos, como si fuera un destino forjado en las estrellas. Somos lo que somos por nuestro nombre, y hay algunos que trascienden y se convierten en mucho más que los personajes que lo portaron. Todo el mundo sabe lo que significa ser una Lolita, un Adán o un don Juan, y no hay casos de personas sin nombre, más allá de Odiseo, que para engañar a Polifemo aseguró que no era “nadie”.

Los nombres también marcan el tiempo. Nadie, o muy poca gente, se llama a estas alturas Olimpia, Parmenión o Euclides, (sin duda son nombres que se están perdiendo). Sin embargo, ha habido tiempos de Goku o Daenerys, y de hecho cuando terminó “Juego de Tronos” y el personaje de la Khaleesi resultó convertirse en una dictadora sanguinaria, muchos padres parecieron arrepentirse de haber llamado así a su hija sin conocer el final de la serie.

Quizá no hay nada mejor que expresar una libertad de la que se carece con un nombre especialmente curioso, aunque a priori no parezca una buena idea por razones obvias. Los nombres son en muchas ocasiones modas pasajeras que, sin embargo, tienen que acompañar a su portador toda la vida, por lo que no está de más pensar en rimas desagradables o ideas muy disparatadas.

Pero tener un nombre “creativo” por decirlo de algún modo también podría tener muchas ventajas: un trabajo reciente hecho en el Instituto de Psicología de Beijing descubrió que las personas con nombres considerados menos populares tenían más probabilidades de estar involucradas en crímenes. Y no solo eso, también descubrieron que aquellos con nombres más raros tenían más probabilidades de acabar cursando carreras más inusuales (como cine).

Según los estudios, tener un nombre original podría moldearnos en la vida para ser más creativos y tener una mente más abierta. Por lo tanto, quizá y solo quizá, ser Yulieski, Yumili o Disami no sea tan mala cosa si querés dejar huella en la vida y que se te recuerde mucho tiempo. Que, al fin y al cabo, es de lo que se trata.