Se trata de un novedoso tratamiento de “estimulación cerebral profunda”, desarrollado por científicos de la Universidad de California en San Francisco.

Se trata del primer caso en el mundo en demostrar que la estimulación altamente dirigida en un circuito cerebral específico que incluye patrones cerebrales depresivos podría ser una forma efectiva de tratamiento para la depresión severa, que afecta aproximadamente al 5% de los adultos en todo el mundo, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Durante 2016, Sarah, la paciente, conducía a su hogar minutos después de haber salido de su trabajo en el norte de California, se sintió tan abrumada que lo único que podía pensar era en terminar con su vida. “No podía dejar de llorar”, recordó en declaraciones a The New York Times. Para esta estadounidense, el pensamiento que la invadía en ese momento era desviarse en su camino hacia el pantano para ahogarse.

Experimentó con alrededor de 20 medicamentos para la depresión, meses en un programa diurno en un centro hospitalario, terapia electroconvulsiva, estimulación magnética transcraneal, entre otras alternativas. Sin embargo, sus síntomas persistieron, tal como ocurre con las más de 250 millones de personas que padecen depresión en el mundo.

De pronto, la joven llegó al grupo de investigadores de la Universidad de California, campus San Francisco, quienes implantaron en el cerebro de Sarah un dispositivo que funciona con baterías del tamaño de una caja de fósforos, una especie de “marcapasos para el cerebro”, lo denominan algunos, calibrado para detectar el patrón de actividad neuronal que ocurre cuando ella está cayendo en una depresión. Allí, descarga pulsaciones de estimulación eléctrica para evitarla.

Según especificaron en el estudio publicado recientemente en la revista científica Nature, a los 12 días de que el dispositivo de Sarah empezó a funcionar por completo en agosto de 2020, su puntaje en la escala estándar de depresión disminuyó de 33 a 14 y varios meses después cayó por debajo de 10, lo cual, en esencia, significó un estado de remisión, informaron los autores del paper científico.

“El dispositivo ha mantenido mi depresión bajo control, me ha permitido volver a ser la mejor versión de mí misma y reconstruir una vida que vale la pena vivir”, compartió su experiencia Sarah.