Por la pandemia no se veían desde noviembre de 2019. Ansioso por abrazarla, Carlos Trujeque tomó su bicicleta e hizo la hazaña de su vida. Una historia de amor sin límites.

Carlos Trujeque, recorrió 15.331 kilómetros arriba de una bicicleta y unió México con Argentina con el propósito de volver a abrazar a su novia, Agustina Funes. Tardó 11 meses y 9 días. Visitó 11 países. Sufrió algunas raspaduras e incluso estuvo preso por 24 horas. Pero cada momento valió la pena. Desde hace unas horas camina de la mano junto a Agus por la Rambla de la ciudad de la Costa Atlántica.

El destino quiso que se conocieran en 2016, en un intercambio estudiantil en Andalucía, Málaga. “La vi en la fiesta de bienvenida. Me presenté, la saludé… y punto”. A los pocos días, en una actividad académica, se volvieron a cruzar. Él dio el primer paso. “Estaba con una amiga, y me ofreció mate. Nunca antes lo había probado. Me pareció un ritual interesante”, agrega. A partir de ahí, los encuentros fueron cada vez más frecuentes: “hacíamos caminatas por las montañas, las conversaciones se volvían más profundas”, y se dio el flechazo.

Con el paso del tiempo, la relación se intensificó. La tecnología acortó las distancias de kilómetros. “Conectábamos mucho, pero no es fácil estar lejos físicamente”, admite Carlos. Cansados de vivir en tierras distintas, él la invitó a mudarse a México. Ella aceptó.

Pero pronto llegó la pandemia para poner en pausa todo el plan. En un acto de amor desesperado, Carlos le propuso una idea loca. “Voy hacia tu encuentro mi amor. Si no puedo hacerlo por aire, lo haré por tierra”, le dijo a Agustina hace dos años. “Ella me apoyó. Es una persona muy sincera que valora lo intangible como puede ser contemplar la luna, el sol, el cielo. Me enamoré de su simpleza, de su sencillez…”, resalta.

El 1 de noviembre de 2020, arriba de su mountain bike, una mochila de 30 kilos con algo de abrigo y un corazón lleno de ilusiones, Carlos salió de Puerto Vallarta. Se propuso como meta pedalear 100 kilómetros por día.

En septiembre entró a nuestro país por La Quiaca. La meta estaba cerca. Paseó por Córdoba, atravesó Rosario y finalmente el 19 de octubre a las 14 horas se abrazó con Agustina. “Mientras daba las últimas pedaleadas la vi de lejos. Tenía miedo de no sentir esa conexión….”. Se bajó de la bici y se fundieron en un abrazo, ese que se debían hacía más de dos años.