Dos países vecinos emprendieron una extraña carrera para intentar quedarse con una porción del continente blanco.

Entre los años ‘70 y ‘80 del siglo pasado muchos gobiernos respaldaban la idea de que toda la tierra no ocupada es para quien la encuentre. Y fue entonces cuando distintos países empezaron a reclamar partes de la Antártida, con algunos casos de extrañas estrategias, como las planeadas por Chile y Argentina.

Estas dos naciones vecinas estudiaron varias maniobras para apoderarse de la porción de Antártida más cercana a sus territorios en el sur del continente americano.

Con este objetivo expansionista en la mira, dieron inicio a una insólita carrera para poblar la Antártida con Argentina dando el primer paso al enviar al lugar a una mujer cuando estaba embarazada de 7 meses. Y esa mujer argentina -la esposa de un capitán militar- dio a luz a Emilio Marcos Palma el 7 de enero de 1978 en la Base Esperanza, en el extremo norte de la península antártica.

El razonamiento de los dirigentes argentinos era que si lograban registrar nacionales naturales en el continente blanco, eso les daría una especie de derecho de preferencia sobre esa tierra.

Aparentemente Chile pensó lo mismo, porque un año después envió a una pareja chilena a la Antártida para que forme una familia allí. El 21 de noviembre de 1984 nació Juan Pablo Camacho Martino en la base Frei Montalva y se convirtió en el primer chileno nacido en suelo antártico. Pero, además, como el niño fue concebido allí, Chile consideró que tenía un derecho aún más fuerte sobre esa zona de la Antártida.

Fue entonces que Argentina sumó otro bebé. Y luego Chile empató el marcador con otro recién nacido. Y Argentina de nuevo uno arriba con los partos. Y Chile equilibrando con otro nacimiento. Así durante varios años hasta que llegaron a los 11 bebés en la Antártida.

En 2021 el suelo del continente helado continúa sin dueños aunque sí está vigilada con la presencia de científicos de Argentina, Australia, Chile, Francia, Nueva Zelanda, Noruega y el Reino Unido.