Los Ig Nobel reconocen el esfuerzo de la comunidad científica, pero el esfuerzo por poner a prueba cosas que se acercan a lo absurdo.

Cada año se publican cientos de estudios sobre cientos de cosas. La ciencia no deja de seguir buscando, investigando, observando para acercar respuestas a pequeñas y grandes preguntas. Sin embargo, entre tanto estudio también se cuela algún que otro texto que, más bien, resuelve preguntas pequeñísimas o, directamente, no resuelven nada. Son tantos que existen unos premios a los estudios científicos más absurdos.

Los Ig Nobel reconocen el esfuerzo de la comunidad científica, pero el esfuerzo por poner a prueba cosas que se acercan a lo absurdo. Cuestiones innecesarias que nunca nadie se ha preguntado, no porque hayan pasado desapercibidas, sino porque no hace falta preguntarse nada sobre ellas.

El primer premio fue para la investigación llevada a cabo por Robin Radcliffe y su equipo de expertos de la Universidad de Cornell. Estos investigadores colgaron a 12 rinocerontes boca abajo durante 10 minutos para averiguar si la salud de estos animales puede verse comprometida cuando cuelgan de sus patas debajo de un helicóptero. Porque, ¿qué no podría pasar al colgar un rinoceronte bocabajo en un helicóptero? Además de sentido, también parece que le falta ética.

Aunque habría un argumento en el fondo de todo esto, y es que querían probar si esta es la mejor manera de transportar a los rinocerontes, en lugar de simplemente moverlos hacia abajo o de lado. «Cuando me enteré del premio Ig Nobel no estaba seguro si era algo bueno o malo. Pero creo que para nosotros se trata de ese mensaje, de que ‘te hace reír y luego pensar'», declaró Radcliffe tras ganar su premio.