Rodearse de vegetación trae beneficios físicos y mentales. Si bien los árboles artificiales no ofrecen las mismas virtudes, el espíritu navideño también ayuda al bienestar emocional.

Las luces centelleantes, los delicados adornos y el aroma del pino: hay algo innatamente reconfortante en la decoración tradicional de temporada navideña. Esta costumbre comenzó en Alemania en el siglo XVI y se extendió a otros países durante los siguientes tres siglos, según la Encyclopaedia Britannica. El árbol de navidad artificial se inventó en Estados Unidos, y los de plástico que conocemos hoy se originaron en las décadas de 1950 y 1960.

Para Charlie Hall, profesor y presidente de Ellison en el departamento de ciencias hortícolas de la Universidad Texas A&M en College Station, “tener un árbol de Navidad natural tiene una gran cantidad de beneficios para la salud mental, incluida una reducción de la ansiedad y la depresión”. “La gente tiende a ser compasiva ante la presencia de plantas vivas en la casa y, por supuesto, los árboles de Navidad encajan perfectamente”, dijo el experto en un comunicado.

“Colocar un árbol real dentro de nuestras casas es como instalar nuestra propia farmacia de plantas terapéuticas: una máquina viviente que continúa bombeando sustancias químicas fragantes y beneficiosas para la salud mucho después de haber sido cortada del suelo”, detalló en una entrevista con Metro, la experta en aromaterapia Kim Lahiri.

Aun así, los árboles artificiales pueden proporcionar algunos beneficios. “Han recorrido un largo camino en las últimas dos décadas, por lo que los más realistas podrían proporcionar algunos de los beneficios para la salud mental que ofrece un árbol natural”, remarcó Hall.

¿Cuál es la conclusión final de Hall? Un árbol artificial es mejor que ningún árbol. Los árboles de Navidad también producen una fragancia amaderada que puede recordarnos el pasado. La forma en que nos afectan puede depender no sólo de las propiedades químicas asociadas con los aceites de los árboles, sino también de los recuerdos, si los hay, que asociamos con el olor.

Tener un árbol de Navidad a veces puede resucitar recuerdos positivos o negativos. Si una tradición no mejora su bienestar mental, los especialistas aseguran que está bien dejarla ir y construir otras nuevas. “Las tradiciones son como récords olímpicos: están hechas para ser mejoradas”, concluyeron.