Stefan Mandel ideó un mecanismo que le permitió acertar los números y consiguió el premio en otras 13 oportunidades.

Nacido en la Rumania comunista, Mandel veía en la lotería el único método posible para conseguir dinero e irse del país. Fue a fines de los años 50 que pensó por primera vez en que tenía que haber una manera de saber de antemano qué números saldrían sorteados.

Junto con tres amigos, Mandel realizó largas sesiones hasta que dio con la fórmula matemática perfecta. Podía saber cinco de los seis números que saldrían sorteados. Así, tras algunos años decidió poner a prueba su sistema. Con cinco números correctos podía aspirar al segundo premio, pero para su sorpresa acertó los seis y se llevó el premio gordo, que equivalía a 18 años de su salario.

Vivió un tiempo en Israel y luego se volvió a mudar. Esta vez a Australia, donde ideó un nuevo plan. Mandel se había nacionalizado australiano y eso le abría la puerta del Commonwealth, tanto para los negocios como para acceder a la lotería del Reino Unido.

Adaptó su fórmula al sistema británico de lotería. La estrategia era menos complicada, porque no buscaba predecir la combinación ganadora. En esta oportunidad se dedicó a comprar tantos números como fuera posible. Además, buscó a otras personas que quisieran participar de su plan.

Una vez que se confirmaba que un boleto ganador estaba entre los que tenía Mandel, su equipo tomaba el recibo y lo enviaba para reclamar las ganancias. Tan pronto como él y su empresa recibieran su premio, distribuiría parte de él a sus inversores y, por supuesto, a su ejército de compradores.

Mandel ganó la lotería un total de 12 veces mientras vivía en Australia, y logró su decimocuarta y última victoria de lotería, en Estados Unidos. La mejor parte fue que no hubo otros ganadores además de Mandel, lo que significó que él y su equipo se fueron con todo. ¿Su botín? El premio mayor de u$s 27 millones, más docenas de premios del segundo y tercero. Recaudaron más de u$s 30 millones.