Sabemos que no es la primera vez que los humanos hemos tenido que poner metros de por medio, ¿pero somos la única especie que recurre a este gesto? La respuesta es no.

Cuando llegó el confinamiento, a todos nos resultaba sumamente extraño tener que permanecer alejados unos de otros. La distancia social, digamos, fue uno de los aspectos más difíciles de llevar (y lo sigue siendo) por todo lo que además implica. Apartarse de tus iguales supone reconfigurar todo un sistema de vida comprometida, por necesidad o por mera costumbre.

Según un nuevo estudio publicado en la revista «Science», existen insectos como las abejas y las hormigas que también lo hacen cuando sienten que su comunidad está en riesgo. Después de todo, nos comportamos de manera parecida en eso de vivir en comunidad.

Las hormigas y las abejas son, de hecho, algunas de las muchas especies que deciden aislarse ante una situación que las pone a todas en peligro. Incluso son capaces de expulsar de sus comunidades a aquellas que estén enfermas, por si acaso.

Cuando estas especies empiezan a notar síntomas y creen estar enfermas, toman medidas de inmediato: primero se aíslan voluntariamente con la intención de proteger a su grupo (sí, ellas mismas, esto es algo así como la verdadera empatía) y que el resto pueda seguir con sus labores sin sufrir ni temer. Eso sí, si alguna enferma se pone rebelde, entonces son demás los que toman cartas en el asunto y la exilian hasta que sane o empiece a mejorar.

El caso de las abejas y de las hormigas son los más estudiados; en cuanto a estas últimas, de acuerdo con los científicos, si varios de los miembros de un hormiguero se contagian de un tipo de hongo a los que se exponen constantemente, el resto se aleja de las contagiadas. Y no solo eso: entre las hormigas sanas también mantienen distancia cuando escuchan rumores, por si las dudas.