Martín Kogan creó una nueva red social privada que se llama Almaya, acaba de lanzarse y busca “cambiar la relación que tenemos con la muerte”.

A veces quiero hablar con mi abuela. Me pasa sobre todo por las tardes, cuando comienza a terminar el día: paso por el frente de un café cualquiera y me acuerdo de nuestras charlas. Ya no puedo llamarla por teléfono y preguntarle el nombre de aquel actor, o cuál es la traducción buena de algún libro. Murió en el año 2019 y no recuerdo haber llorado nunca tanto como ese día. La importancia de las abuelas, dirán los que tuvieron una especial. Pero no se trata solo de ellas. Todos, cada tanto, queremos hablar con nuestros muertos.

Hablar de los que se fueron es, todavía, una materia pesada. Pienso que algo de eso remueve el fenómeno This Is Us, donde durante muchísimos capítulos vemos a personajes entrañables extrañando, y para que la operación sea completa vemos también esas imágenes idílicas que extrañan: la constitución de una familia.

En medio de este contexto es que surge Almaya, una nueva plataforma que propone ayudar a nuestros seres queridos a crear un legado digital. Creada por Martín Kogan, un emprendedor de 41 años nacido en Buenos Aires y dedicado al mundo digital. Almaya es una especie de red social privada que nos permite construir perfiles personales en los cuales podemos ir grabando contenido en video o audio, e ir respondiendo una serie de preguntas que construyan algo parecido a nuestra visión del mundo.

La propuesta de la aplicación es ir registrando material original en video y audio sobre las cosas que pensamos o sabemos de la vida, para que cada familia atesore ese contenido, y luego de la muerte exista un registro extenso de los pensamientos y emociones de cada persona.

La propuesta discute la idea de la vida eterna: si vivir es ser recordado por los otros, si existir es estar ahí cuando nos buscan, Almaya intenta hackear esa respuesta: tal vez podamos estar para nuestros nietos cuando ya no estemos para nosotros. Eso mismo que plantea Coco, la película de Disney: mientras nos recuerden, existimos.

“Dentro de diez a quince años la relación que como humanidad tenemos con los que se murieron va a cambiar totalmente, como muchas otras cosas cambiaron con la llegada de la tecnología. Y vamos a desafiar una idea que es muy tabú: el concepto de no poder hablar más con aquellos seres queridos que se murieron”.