Hoy en día utilizamos la palabra ‘siameses’ para referirnos a aquellos gemelos cuyos cuerpos siguen unidos después del nacimiento.

Chang y Eng Bunker vinieron al mundo unidos por el esternón. Y aunque no son los primeros hermanos unidos que conocemos, sí son los primeros hermanos siameses que llegaron a vivir vidas extraordinarias.

Cuando eran apenas adolescentes un capitán de barco estadounidense los descubrió nadando en el río y su madre prácticamente los vendió. Cuando llegaron a Estados Unidos les pusieron encima del escenario y los exhibieron como si fueran monstruos.

La audiencia les pedía que se quitasen la ropa para verificar que no había truco, los doctores les examinaban sobre el escenario… nadie les trataba como si fueran seres humanos. A los 21 años Chang y Eng alcanzaron la edad adulta en Estados Unidos. En vez de bajarse de los escenarios decidieron seguir exhibiéndose ante el público e hicieron mucho dinero.

Se casaron con dos hermanas blancas, en contravención con las leyes antimestizaje del sur. Fue un gran escándalo y los periódicos de la época dedicaron muchos titulares a la unión. La dinámica de un matrimonio con hermanos siameses tampoco debía resultar sencilla. Los gemelos se adhirieron a una rutina muy estricta: compraron dos casas a una milla de distancia la una de la otra, una para la mujer de Chang y otra para la de Eng, y acordaron que pasarían tres días en cada una.

Los hermanos también tenían un acuerdo muy riguroso a la hora de tener relaciones íntimas. Utilizaron la misma técnica que las hermanas siamesas inglesas Daisy y Violet Hilton, que vivieron en el siglo XX. Una de estas hermanas terminó casándose y, según cuenta en sus memorias, cuando la hermana casada estaba con su marido la otra hermana se apartaba mentalmente de la situación: leía un libro o se echaba la siesta.

Esto fue lo que hicieron Chang y Eng. Parece ser que este arreglo funcionó, ya que los dos matrimonios produjeron un total de 21 hijos en las tres décadas que estuvieron juntos.