Aristóteles respondió hace siglos A una de las mayores incógnitas de la humanidad que ha desvelado a incontables generaciones a través de la humanidad: ¿Cómo ser felices?

Apacibilidad. Es la capacidad para mantener controlado nuestro temperamento y sus reacciones. Una persona paciente no se enoja exageradamente. Aunque tampoco evita enojarse cuando hay motivos.

Fortaleza. Es el equilibrio entre la imprudencia y la cobardía. Una persona es fuerte si puede enfrentar peligros sabiendo el riesgo que existe y a la vez siendo precavida. Ser temerario no significa ser fuerte sólo por despreciar los riesgos, pero tampoco se debe permitir el miedo a tomar nuestras decisiones.

Tolerancia. Es el término medio que existe entre la intransigencia y ser demasiado permisivo. Aristóteles sabía de la importancia del perdón, pero eso de ninguna manera debe significar permitir que los demás te pisoteen constantemente o que te lastimen a propósito.

Generosidad. Es el equilibrio entre ser demasiados mezquinos o ser demasiados generosos. Hay que ayudar a los demás, pero sin dar tanto de nosotros que terminemos lamentándolo.

Modestia. Es el punto medio entre nuestra baja autoestima que no nos permite reconocer nuestros logros y tener un ego tan exagerado que nos haga creer que somos el ombligo del mundo.

Magnanimidad. Se trata del punto medio entre el delirio de grandeza por un exceso de orgullo, y una carencia al no darnos crédito suficiente. Hay que buscar la grandeza en lo que hacemos, pero el resultado no debe menguar ni exacerbar nuestra autoestima.

Veracidad. Se trata del equilibrio de ser honestos, pero no por eso dejar de tener tacto al decir las cosas.

Justedad. Es la virtud de ser justos con los otros y con uno mismo. Una persona justa tiene en cuenta las necesidades de los demás sin olvidar las propias. Busca que sus decisiones no perjudiquen ni privilegien en exceso a nadie.