La isla esmeralda le debe su fiesta más internacional a un santo que, supuestamente, libró a sus ciudadanos de las serpientes. Luego llegaron los duendes, la cerveza y mucha música.

La festividad, de origen cristiano, se celebra el 17 de marzo para conmemorar la muerte del que es patrón de toda la isla de Irlanda. La diáspora irlandesa ha llevado, irremediablemente, a que sea famosa en el mundo entero y que no solo se celebre en la isla sino también en otras zonas alejadas como Estados Unidos, España, Canadá y también Argentina.

Nacido en Gran Bretaña (con el nombre de Patricius) en el 385 aproximadamente, con 16 años fue llevado cautivo a Irlanda cuando unos piratas lo apresaron y posteriormente vendieron como esclavo en la isla. Más adelante, decidió seguir el camino del sacerdocio y llegó a convertirse en Obispo.

La tradición ha llevado a que, en honor del trébol que forma parte de su simbología, se atribuya el color verde a la figura de san Patricio (y por consiguiente a la isla). Además de servirle para explicar el concepto de la Santísima Trinidad, la planta ya formaba parte de la iconografía irlandesa porque simbolizaba el renacimiento de la primavera.

El duende vestido de verde con su barba rojiza (que en realidad proviene de los pueblos germanos), que peregrinaba y llegaba al otro lado del arcoíris, también está muy presente en la fiesta. Los duendes a menudo se representan con una olla de oro y es costumbre que los niños jueguen a intentar atraparlos.

La música juega un papel fundamental en la celebración del día de San Patricio, mientras las bandas tocan y la gente baila podés emborracharte en algún pub mientras pellizcas a alguien por no ir vestido de verde. A partir de los años 80, este día se convirtió en uno de los más emblemáticos para beber. Y ya que todo se tiñe verde la cerveza no iba a ser menos, mezclando una serie de colorantes azules con la bebida, así podés probar cerveza del color característico de la isla.

Como última curiosidad, seguro que en más de una ocasión has oído aquello de «bésame, soy irlandés». La frase es una referencia a la Piedra de Blarney (o de la elocuencia), localizada en Cork, Irlanda. Supuestamente, besar esta piedra trae buena suerte, pero si no es posible llegar hasta ella siempre se puede intentar con una persona.